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15/12/10

Los mercados y las libertades

A estas alturas del tema, cuando van desapareciendo las oscuras nubes de la demagogia, parece ya reconocerse con meridiana claridad que esta crisis ha sido orquestada por los mercados, organizada y premeditada en los despachos. Esos mismos despachos ante los cuales nuestros gobiernos compiten por arrodillarse, la mayor parte de las veces cómplices, otras actores necesarios para reaccionar de la forma prevista. Todo está saliendo según lo planeado.
Primero, los mercados financieros organizan una crisis de la que salen impunes, inmaculados y reforzados. Se repartieron a priori todo el dinero de los fondos bancarios para poder sustituirlo con dinero de los fondos públicos en una enorme maniobra de desvalijo histórica e inaudita. Le han ganado la partida a nuestros gobiernos, en gran medida porque nuestros gobiernos están a otra cosa (conseguir el poder político o mantenerse en él) y por ello son débiles, encabezados por élites populistas títeres del poder económico, compuestas a partes por cómplices, por incompetentes y por candidatos a ingresar en lo privado dispuestos a hacer todo lo que se les ordene. Unos gobiernos que defienden estar legitimados por una democracia que sólo existe nominalmente, donde hasta en los países teóricamente más aventajados se venden y compran votos en los parlamentos a plena luz del día, y donde el derecho a discrepar del ciudadano ha sido prohibido cuando no sigue los cauces dispuestos para poder ser neutralizado. El sufragio universal como legalizador de la plutarquía: han conseguido apartar los guisantes del plato, utilizando de la democracia solamente aquello que sirva a sus fines.
Segundo, tras crear las condiciones de la crisis haciendo tambalear las finanzas de los estados, poniéndolas al borde del abismo, los mercados especuladores atacan al unísono a los países más expuestos, uno por uno, en varias fases, de modo consecutivo. "Divide y vencerás" es la máxima, potenciada por el hecho de que el resto de países que siguen en pie ayudarán a pisotear al atacado para ganarse alguno de los despojos sobrantes. Europa es el bombón a repartir, porque Europa tiene mucha pasta, Europa adora al Dios del Consumo cuyos sumos sacerdotes son los mercados, y Europa nunca ha estado unida: no hace falta mucho esfuerzo para trocearla y comérsela .
Tercero, "la bolsa o la vida". Una vez que los mercados han desarmado al estado en cuestión, y atacado juntos para que el golpe sea mayor, comienzan a asfixiarlo proponiendo (propiamente, exigiendo) aceptar sus condiciones para el supuesto remedio: la receta es que para imponer una condición hay que hacerla más digestiva exponiéndola como el remedio a un problema; creando el problema, justificarás la necesariedad del remedio: ante el problema de la crisis se propone maquiavelicamente la privatización de lo público (reparto de nuevas áreas de negocio para lo privado), reducción de derechos sociales y estado de bienestar (sanidad, educación, pensiones...), reducción de salarios, facilidad de despido... Supuestamente todas ellas soluciones a un problema artificialmente creado a priori por los mercados, un problema que paradojicamente tiene su origen en el liberalismo capitalista, y el objetivo de lograr mayor rentabilidad, mayores ganancias para una reducida minoría a costa de la ruina de la mayoría. Estados enteros embargados por aceptar créditos de los mercados que ellos mismos han rescatado, el FMI y el Banco Mundial como una nueva ONU fuera de todo tipo de control democrático.
Ni siquiera ha hecho falta usar la palabra mágica ("competitividad") que habían preparado para chinificar nuestras condiciones laborales (China, el gran ejemplo a seguir para los mercados: dictadura+capitalismo). Por ahora, sólo por ahora, les ha resultado suficiente el chantaje impuesto a nuestros gobiernos (débiles, incompetentes y/o cómplices) y la falacia de la "supervivencia" económica para que la mayoría de ellos aceptaran renunciar a nuestros derechos (económicos, sociales y democráticos), por los que tantas generaciones anteriores de ciudadanos han luchado. Una falacia, porque no necesitamos ninguna de estas medidas para sobrevivir sino para condenarnos a malvivir; como solución, solamente necesitamos que los especuladores dejen de desbarrar y asfixiarnos y los gobiernos dejen de justificarlos, "de convencerlos", de tratar de "ganar la confianza" de los atacantes. Es el sistema bancario y financiero quien está colapsando nuestras economías ¿cómo podemos admitir que sea él quien imponga las normas, cómo podemos creer que sean válidas sus soluciones?
El capitalismo salvaje al que están abocando todas nuestras relaciones económicas es la gran amenaza para nuestros derechos y nuestras libertades, que ahora están en juego. Hay demasiado en juego. Y por ello no nos debemos conformar solamente con el derecho y el deber de consumir al que nos relegan. Los mercados especuladores son nuestros enemigos, los gobiernos cómplices de los mercados especuladores son nuestros enemigos. Y nosotros somos, de nuevo, el pueblo que debe luchar contra los enemigos de su libertad para garantizar una democracia real.

12/7/10

Os nosos luzitas

(Publicado en Zona Temporalmente Autónoma, A Peneira nº 72– Ano VII –xuño, 2010)

Ao concluír a II Guerra Mundial, os habitantes da illa filipina de Luzón tiñan un problema considerable: a contenda rematara demasiado pronto para darlle saída «comercial» á grande cantidade de armamento que os aliados lles almacenaran na zona. Os americanos cortaran polo san en Hiroshima e Nagasaki... xa saben como remataba esa historia. Sen embargo, a historia dos habitantes de Luzón comezaba, porque alí se atopaban eles pensando como desfacerse daquela enorme cantidade agora inútil de bombas, granadas, dinamita e demais artefactos e trebellos de comunicación humana que lles deixaran ao lado, utensilios que unha vez asinado o armisticio pasaran de ser armamento para converterse en cargamento. Nunha carga, demasiado perigosa para ter almacenada na porta da casa en espera de tempos peores. Os luzonitas, luzonianos, luzoneños, luzoñeses ou filipinos non se romperon demasiado a cabeza: víronse rodeados de mar, e a trapallada explosiva acabou no mar. Sorpresa. Os luzonienses descubriran con grande algarabía e de modo fortuíto a «pesca á dinamita», palabra, e na idea de que a súa intelixencia conseguira converter un problema nunha oportunidade comezaron a explotar a rica biodiversidade da costa filipina. Fantástico. Porque a onda expansiva da detonación mata a todas as criaturas que se atopan nun determinado radio de acción un xa non ten que baixar a polos peixes. Xa soben eles sós. De tal xeito que uns anos despois de comezar aquela actividade tan rendible e tan pouco sustentable, os luzoneses acabaron sen bombas, sen peixes e case sen costas.
Así, con perspectiva histórica, os luzoninos filipinos pasáronnos de ser uns fenómenos a ser uns animais. Uns cabestros, que tanto poderían pescar rapes con dinamita como apañar as patacas con bombas de uranio empobrecido ou colleitar o millo con bazoka. Non demos ideas. Funcionara de novo a recorrente máxima de «pan para hoxe e fame para mañá» que os humanos temos a teima de repetir e repetir ata que o egoísmo cruza as fronteiras da estupidez para chegar ás diversas formas de suicidio colectivo. Calquera pode entender que unha explosión na auga fai máis doada a captura do quilo de sardiñas que un quere, poño por caso, pero tamén extermina un cento de quilos de sardiñas que non necesita, e do resto de peixes que se atopen no seu radio de acción, que tampouco precisa, e de todos os peixes, mariscos, mamíferos, invertebrados, e do plancton que alimenta a gran parte das criaturas mariñas, e de regalo afasta ao resto de bancos de peixe que outros xa non poderán nunca pescar. Chámanlle tamén «pesca de descarte», e con dúas bombas e uns minutos de observación a intelixencia de calquera pode alcanzar a comprender as súas nefastas consecuencias.
Aos luzonianos dos anos corenta poderíaselles escusar, sendo xeneroso, a súa inconsciencia sobre que os recursos mariños teñen uns límites. Non a súa estupidez. A os pescadores galegos do ano 2010, nin se lle escusa a estupidez nin a inconsciencia. Aos pescadores de sardiñas que recén colleron con dinamita e a moitísimos máis que non colleron, non se lles escusa pero nada. O seu non é un problema de inconsciencia: é unha cuestión de economía de valores, prefiren arrasar as nosas costas se iso lles proporciona máis cartos con menos tempo e esforzo. Algunhas persoas caen na trampa de xustificar dalgunha forma os seus actos co argumento de «levar o pan ás súas familias», unha variedade do todovale, creando unha especie de opinión pública chea de interrogantes, de condenas a medias, de silenzos comprometidos que non parecen tan comprometidos coas consecuencias deste tipo de pesca: pescar con dinamita significa negarlle o pan a milleiros doutras familias durante xeracións. Esas escusas rumorosas dalgúns cidadáns, medios e organizacións sociais, políticas e económicas, esas condenas a medias (veremos en que acaba todo isto) son as mesmas que se produciron cando unha manada de armadores e pescadores botaron do porto de Vigo, literalmente a pedradas, ao barco de Greenpeace no 2004 que viñera concienciar contra a pesca de arrastre, outra sutil arte de destrución mariña. Daquela chamáronlles aos ecoloxistas «terroristas do mar», unha expresión que se revela paradoxal coa perspectiva do tempo nas súas bocas, e nos seus actos que entón non recibiron case critica algunha da opinión pública.
Sen embargo os mares non son destes tipos, os mares son de todos. A sociedade lles concede o dereito de colleitar do mar temporalmente e comerciar segundo determinadas normas para que o beneficio persoal non provoque un prexuízo colectivo. Esa xente non soamente está a destruír os nosos recursos naturais, xa de por si febles, senón tamén os nosos recursos medioambientais, económicos e as posibilidades laborais dos fillos doutros pescadores e de todos, nunha terra que leva vivindo do mar centos de anos.
Os luzonienses filipinos - e aquí remata a súa historia – comprenderon un bó día cara onde camiñaban e non demasiado tarde cambiaron a súa actitude. Non só abandonaron as súas prácticas destrutivas, senón que se pasaron á pesca sustentable e a un ecoloxismo convencido. Na actualidade as súas costas, de novo ricas en biodiversidade, volven a aportarlles inxentes cantidades de peixes de todo tipo e ingresos turísticos dos buceadores que van admirar a riqueza natural dos seus fondos mariños que correron o risco de desaparecer. O tempo exculpou aos pescadores luzoneiros da estupidez, veremos se tamén exculpamos aos nosos antes de que sexa demasiado tarde.

14/6/10

O especulador e o chupacabras

O especulador é un ser a medio camiño entre a realidade e o mito, como o chupacabras. Unha especie de críptido contemporáneo que se agocha nas bolsas de valores, debaixo dos escritorios dos señores deputados e no interior das axencias de valoración de riscos. Ao especulador intuímolo polas súas accións: a gasolina sube periodicamente por culpa dos especuladores, o boom inmobiliario foi creado polos especuladores e 1.000 millóns de persoas pasan fame no mundo por cousa dos especuladores. Incluso a crise económica foi provocada polos especuladores, faltaría máis. E a pesar de que o especulador está detrás de cada tropezón que nos da este sistema capitalista, este mercado que se vai parecendo cada vez máis a unha praza de abastos; e a pesar de que é culpable da maioría dos males do noso tempo e ten unha participación tan activa nas nosas vidas, aínda non sabemos moi ben que aspecto ten o especulador. Xa me entenden: onde vive, cales son as súas costumes, cando lle toca a época de apareamento. Unha cousa fantástica. Entendemos que se trata dun ser misterioso, cuns hábitos moralmente cuestionables, a quen se lle achacan todos os males dende a política e a economía cunha determinación asombrosa para un ser case abstracto. Un bicho nocturno, sen cara e sen nome. Se os nosos gobernantes, Obama incluído, Ahmadineyad tamén, e toda esa clase media e traballadora que nos representa nos parlamentos teñen tan claro que o especulador é o inimigo deberían ser quen, a estas alturas, de comentarnos de pasada que xa teñen a algún identificado - coidado cos espellos, “especular” tamén pode referirse a verse no espello. Porque entendemos que contando ao seu servizo con todo o aparato policial do planeta, os nosos gobernantes poderían mirarnos iso, polo menos. Non vaia ser que acabemos no recurso fácil e rematen os nenos botándolle a culpa aos especuladores porque falta un paquete de galletas na despensa. Poderiamos comezar buscando no hábitat bursátil, non creo que os especuladores traballen co trueque, e despois de todo, si especular é “efectuar operacións comerciais ou financieiras, coa esperanza de obter beneficios baseados nas variacións dos prezos e dos cambios” poderíamos definir a Bolsa como “lugar de especulación” e iso xa sería un progreso entre tanta confusión. Un indicio, un avance, un sitio por onde comezar a buscar o condenado bicho.

Lamentablemente, os xornais vellos úsanse moitas das veces para poñer no chan mollado da cociña, e así, as noticias e a nosa historia van desaparecendo a cada paso que damos. Non me digan. Non me digan que nos olvidamos de todos aqueles presidentes e presidentas por outono do 2008, cando á banca fóiselle a man recollendo os beneficios que, para variar, non eran os deles. Pensaron daquela que os cidadáns iamos montar adediosescristo nas rúas, e saíron á palestra para dicirnos que fora cousa dos especuladores de novo, malo raio os parta, falándonos de ética, de eliminar os paraísos fiscais e de refundar o capitalismo. Logo, xa saben, non lles foi para tanto a protesta, e tiveron a boa idea de darlle outra vez a El Dioni as chaves do furgón, é dicir, encargarlle aos responsables do sistema económico que arranxaran os problemas creados por eles mesmos cos nosos cartos. E aquí seguimos aforrando e recortando para entregarlle os pesos ao mercado, a ver si somos quen de gañar a confianza dos inversores, mecachis, tentando que os especuladores arrasen e se repartan primeiro outro país que non sexa o que nos queda deste.

Pero dos especuladores ni fú. Ni fá. Seguimos sen ter máis datos ao respecto. Un rostro, unha dirección, un nome... aínda que sexa un mote. Que no sé quién me pone la pierna encima para que no levante cabeza. Sen embargo, como se foran doncellas virxes que se ofrecen en tributo ao dragón, os nosos gobernantes ofrécenlle na entrada da oscura cova recortes de gasto público, beneficios fiscais e flexibilizacións laborais, tentanto aplacar a voracidade do dragón especulador coa esperanza de que algún día decida, por el mesmo, de buen rollito, pórse a dieta e deixarnos vivir en paz. E parece sorprendente que a pesar de ternos papado gran parte do estado de benestar o dragón non alcanzara unhas dimensións tan considerables para que os nosos gobernantes, de común tan perspicaces, o deran recoñecido e nos dixeran “Nenos, aí temos un especulador, imos a por el”. Localizar bicho, eliminar bicho. Debe ser que usan brebaxes namoradizos para enfeitizar aos nosos deputados e deputadas. E, claro, o amor é cego.

4/12/07

El pisito

(Publicado en Zona Temporalmente Autónoma, A Peneira nº 30 – Ano III –novembro, 2006)


Tódolos españois teñen dereito a gozar dunha vivenda digna e axeitada. Os poderes públicos promoverán as condicións necesarias e establecerán as normas pertinentes para facer efectivo este dereito, regulando a utilización do solo dacordo co interese xeral para impedir a especulación. A comunidade participará nas plusvalías que xenere a acción urbanística dos entes públicos (Constitución Española, art. 47). Pola noite gústame ler literatura de ficción porque faime evadirme e soñar. Na miña mesiña de noite nunca falta unha Biblia nin unha Constitución como deus manda, porque estes escritos metafóricos fan que un soñe con paraísos tan fantásticos e afastados coma imposibles de acadar. Coa Biblia e Huxley sigo, pero co da lectura da Constitución xa me está empezando a dar o que me dá coas películas de terror: que non podo velas pola noite, porque despois teño pesadelos. Tiven un. Soñaba que quería comprar un piso no Porriño - mira ti que cousas o dos soños - e alí ía eu, iluso de mín, canda a inmobiliaria a ver de gastar entre vinte e trinta millóns por mercar un piso de merda mal situado. E botei a sinatura, a verdade sen saber nin como nin por que, entre unha morea de papeis camuflados onde se incluían hipotecas, seguros de vida, bonobuses a perpetuidade e algunha vaixela a prazos. Despois do shock, e de decatarme de todos os papeis que asinara, entereime tamén de que o piso en cuestión fora comprado e vendido tres veces no prazo dun mes, e entre compra-e-venda subira así como seis quilos sen sequera ser estreado. Non porque pensara que calquera cabrón especulador gañara cartos coa miña perda pensaba que alguén me estaría a estar estafando, non, nin porque me sentira desasistido nos meus dereitos constitucionais que me garanten o acceso a unha vivenda digna e a protección contra a especulación, non. A Constitución, como toda literatura fantástica, é unha cousa que como os pica-pica explota nos beizos - sexa en anuncios, promocións, informativos e demais publicidade comercial - pero de aí non pasa. E hai delictos punibles, os que cometemos corenta e pico millóns de cidadáns neste estado, e hai delictos que non o son: os que cometen a pleno día e a cara descuberta os que teñen os cartos e o poder. Pensaba que cavilaba nos meus futuros fillos – si é que veñen a este mundo de tolos, os pobres. Antes, a prole pelexaba por ser quen de facerse coa herdanza dos vellos: agora, na época das hipotecas a 150 anos, pelexan por escapar delas. Quita, quita...

Americano, te saludamos con alegría

(Publicado en Zona Temporalmente Autónoma, A Peneira nº 23 – Ano III – abril, 2006)



Volveunos a pasar o señor Marshall por diante sen pena nin gloria. Os galegos temos o vicio de protestar soamente cando o cu doe a máis non poder, e mentres tanto, baixamos os pantalóns, poñémonos a catro patas e xiramos a testa de cando en vez para pedir, mentres nos cae unha bágoa polas meixelas, que nos boten un pouco máis de vaselina. Pasa o tempo e Galicia ten a honra de converterse na comunidade máis solidaria do estado. Viu Mr. Marshall e díxonos que tiñamos un grande potencial en enerxía eólica, e nós enchemos o peito mentres os nosos montes ían crucificándose con aeroxeneradores eléctricos que se construían fóra, con xente de fóra, con empresarios de fóra e con impostos que se pagaban fóra. Mentres, a nós quedábannos as expropiacións, a contaminación ambiental e paisaxística e a “honra” de converternos na sexta potencia mundial en producción eólica. Din que a partir de agora (¿a partir de cando? se o pastel xa foi repartido fai tempo) ímonos quedar dun 10 a un 30 por cento das ganancias (é dicir, un 10 por cento). A ver si é verdade. Un xa borda de tanto crer. O País Vasco, que en enerxía non representa un carallo do total do estado, percibe dende o comezo un 50 % das súas ganancias. Nós, que somos a terceira comunidade máis pobre e a que proporcionamos ó estado a cuarta parte da enerxía total que produce, aínda non chupamos un can. Os vascos e os cataláns si que saben: gustaríame saber a mín quen mantén a quen se sempre se pagasen os cartos alí onde se producen. Pero quen non chora, non mama: así están as cousas. E nós soamente choramos cando a merda nos chega ata o pescozo. De aquí a pouco, os ricos murcianos e valencianos chegarán coas súas tuberías ata as nosas fronteiras para pedirnos, solidariamente, claro, un pouquichiño de auga porque xa saben que a nós de filántropos non nos gaña ninguén. Os nosos ríos escarallados coas máis de 300 minicentrais que temos que soportar, os nosos bosques escarallados cos máis de cen parques eólicos que temos que sufrir, o noso aire escarallado coas centrais térmicas máis contaminantes de Europa que temos que respirar, e nós, escarallados a máis non poder. Dicía Castelao que “a nosa vaca ten o pesebre en Galicia e os tetos en Madrid”, pero tamén é verdade que Castelao, aquel señor que vivía entre Badaxoz e Bós Aires, morreu fai máis de 50 anos, e nós temos que seguir a dar leite.

Matrix

(Publicado en Zona Temporalmente Autónoma, A Peneira nº 19 – Ano II – decembro, 2005)


O director do Medialab do Instituto de Tecnoloxía de Massachussets, Nicholas Negroponte, ven de anunciar recentemente a creación de ordenadores persoais cun ínfimo custe de 100 $, destinados principalmente ós países en desenvolvemento, co fin de paliar a enorme brecha tecnolóxica entre o “primeiro” e o “terceiro” mundo. Lonxe de interpretar este negocio como unha labor “filantrópica” polo ben da humanidade (a estas alturas…), o certo é que a ONU xa se postulou totalmente a favor da iniciativa, e máis de cincuenta países dos máis pobres da terra anunciaron o seu profundo interese polo avance tecnolóxico, vendo nel unha luz ao final do túnel. Non é de estrañar: na actualidade se non tes acceso a Internet non tes acceso ó mundo, e a ONU continuamente expresa que o dereito de acceso a Internet (= comunicación) é outro dereito fundamental do home. Craig Barret, presidente da empresa informática Intel, critica duramente a proposta, acusando o aparato de “cacharro” dado que non ten todas as funcionalidades dun PC ó uso. Indiquemos, pola nosa conta, que o “cacharro” non ten procesadores Intel, os máis populares do planeta; popularidade que fai que Intel tivera no último trimestre de 2005 uns beneficios de 10.600 millóns de dólares. Incorporan tamén software libre, e aí nos doe outra vez porque non hai cartos que gañar. Cunha sinxela ecuación matemática poderiamos comprobar que Craig Barret pretende sacrificar un dereito fundamental da humanidade polo aumento das súas ganancias empresariais, e sendo como é colaborador incondicional do “filantrópico” goberno estadounidense non sería de estrañar que o conseguise. Nada novo: no 2005 morreron 3 millóns de persoas por causa do SIDA, sobre todo nos países pobres, que non teñen cartos para pagar os carísimos medicamentos gravados por patentes desorbitantes que enriquecen as arcas das grandes corporacións farmacéuticas. Nada novo. Na recente reunión da Organización Mundial do Comercio, en Hong Kong, reúnense os gobernos públicos do mundo pagados cos nosos cartos, e coma os mercaderes do templo na época de Susito (Bo Nadal!), reparten para os máis ricos dos gobernos privados os despoxos da carne dos máis pobres.